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Desde
principios del siglo pasado, en Suiza, se
utilizaban los balones para usos terapéuticos en
los tratamientos de trastornos ortopédicos y
neurológicos.
Este método, con el tiempo, paso a los Estados
Unidos donde fueron analizadas sus virtudes para
luego aplicarlas a la rehabilitación y a los
deportes que requieren cualidades físicas como
equilibrio y flexibilidad articular.
Por
estas últimas razones, la pelota suiza debe
estar presente en los entrenamientos de los
golfistas, para ayudarlos a mejorar la capacidad
del sistema nervioso y para organizar y
sincronizar los complejos movimientos multi-articulares
que requiere el swing.
Al comienzo de la práctica es recomendable que
la pelota este un poco blanda, pues así tendrá
una mayor superficie de apoyo sobre el suelo y
se moverá con mayor lentitud, permitiendo
movimientos más controlados.
Al aumentar el inflado, la pelota se torna más dura y ofrece una
mayor resistencia al cuerpo mientras disminuye
la superficie de apoyo, produciendo movimientos
más rápidos y exigentes a los reflejos. Cuando
el golfista realiza los ejercicios, mantiene un
equilibrio inestable sobre el balón.
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